SAVATER Y LOS INDIGENAS

      El antivasquismo de estos chicos del Foro de Ermua está alcanzando ya la categoría de patología. Desde luego están los pobres muy enfermos. El último hervor delirante le brotaba a Savater en un artículo de opinión que publicó en el suplemento dominical de El Pais, el 20 de Diciembre, bajo el título de ¿Indígenas o escépticos?. Este intelectual orgánico del régimen arremetía contra mi libro “Euskal Zibilizazioa” aprovechando la oportunidad para ponernos a parir a todos los vascos. Junto a potentes reflexiones paleoantropológicas acerca de los vascos como entes “arborícolas”, o sesudos análisis arqueológicos para encontrar en nuestros antepasados a los “remotos precursores de la boina”, Savater derrama toda su mala leche contra el autor al que llama “embaucador”, “majadero truculento”, y le achaca el no decir más que sandeces y poseer una extraña “capacidad de fábula, con ignorancia atrevida, estimulada por el fanatismo” (¡toma ya!).

      La primera pregunta que me hago acerca de la indignación de estos chicos del Foro contra mi libro es la de ¿porqué siendo un libro pequeño, que trata de temas primitivos y de ninguna actualidad, que además está escrito en un idioma despreciable y desconocido para ellos, y cuya pequeña tirada está sólamente restringida a la zona de los aborígenes arborícolas; a pesar de todo ello, porqué les ha molestado tanto, como para dedicarle (de nuevo) propaganda gratuita en El Pais?. Pues bien, debajo del chaparrón de insultos de Savater he encontrado, al fin, una razón, un tema que indica donde les duele. Y no es, más que el que se reivindique a Euskal Herria, con un montón de datos científicos incluídos, como el último territorio indígena de la Europa Antigua que aún sobrevive, a pesar del tremendo proceso de minorización y genocidio que ha sufrido (y sigue sufriendo) desde hace más de dos milenios.

      Les preocupa que detrás de la reivindicación indigenista del Pueblo Vasco esté todo el peso de una larga y profunda historia cultural y territorial, historia que nos confiere unas fuertes y personales señas de identidad, de las que España carece. Además, en la medida en que estas reivindicaciones se socializan y se legitiman desde un discurso científico y abierto, la apertura intelectual y el talante democrático de estos intelectuales de salón queda en la más ridícula de las evidencias. Cómo decía un amigo mío con su habitual humor “estos son antirracistas hasta que la hija les trae un chorbo negro a casa, ya verás entonces”. Estos chicos progres que tanto medraron en la época dorada del PSOE lloran en su progresía por el genocidio de los aborígenes del Brasil, o se estremecen por el asesinato masivo de los indios de la América indígena (quinientos años después claro) bajo la bota de la España imperial. Pero oye, en la España de hoy todos españoles, sólo faltaba. El derecho de autodeterminación sólo para el Tercer Mundo, y a posteriori a poder ser, es decir cuando se haya consumado el genocidio y ya no quede nadie que pueda ejercerlo.

      El problema de la inexistencia de España a la luz del indigenismo es una carga de profundidad para la cultura y los pensadores de la España imperial. Si Galicia reivindica su pasado celta, Cataluña su cultura romance, Andalucia su más que visible sustrato musulmán, las Islas Canarias su identidad guanche, Castilla su tradición libertaria comunera y, al fin, los vascos irredentos sus señas de identidad preindoeuropeas, ¿qué queda de España? Queda sólo Madrid. Madrid cercada por los indígenas de la península, en el último asalto al corazón del imperio en el que nunca se ponía el Sol. Queda Madrid en su desnudez como lo que es, la capital de la dominación ideológica, la capital de la explotación económica y de la represión militar de las identidades de los pueblos periféricos. Queda al fin, desnudo, el Madrid violento y depredador de las clases dominantes, que sólo puede existir en la medida en que reprime y succiona como una lamprea todo lo que le rodea. Madrid contra todos. España contra todos. Esa España de las poltronas, la violencia y la insolidaridad, esa España excluyente (adjetivo que tanto les gusta imputarnos), esa es la España que reivindican estos intelectuales demócratas del Foro de Ermua. Y si no hay mayorías electorales en las colonias (como les sucede en el caso vasco), entonces ¡que manden a la Brunete!, como vociferaba no hace mucho el portavoz de este grupo de enfermos, en un arrebato de delirio democrático.

      Pues bien. Al parecer, el indigenismo militante de mi libro les ha tocado en la línea de flotación, en el inconsciente de sus miedos más profundos. El miedo de que el mito de la España imperial quede al descubierto y se disuelva como un azucarillo ante el empuje de una península habitada por pueblos libres y hermanados en la diferencia y el respeto. Mundo en el que el pensamiento integrista, acientífico y maleducado de Savater no tiene cabida.

      Alfontso Mtnz. Lizarduikoa

      Euskal Herria: El pueblo-nación más antiguo de Europa a la página principal